AgroNoticias

14 de Abril de 2005

Bolivia exporta a Europa y Norteamérica vinos producidos a gran altura

Los vinos de los departamentos de Tarija y Chuquisaca, provienen de vides situadas entre los 1.600 y 2.850 metros sobre el nivel del mar. Por su aroma y sabor, se han posicionado en algunos mercados extranjeros, distinguiéndose de los caldos provenientes de otras regiones.

“Vinos de altura” es el exclusivo título que ostentan los vinos bolivianos de los departamentos de Tarija y Chuquisaca, y no sólo por la extraordinaria calidad de la bebida, sino por un hecho innegable: son fruto de vides situadas entre los 1.600 y 2.850 metros sobre el nivel del mar. Por su aroma y sabor, se han posicionado en algunos mercados extranjeros, distinguiéndose de los caldos provenientes de otras regiones.

Javier Belmonte, miembro del Consejo de Estudiantes Simón I. Patiño en Suiza, señala en su trabajo de investigación “Tarija, ciudad de vinos de altura” las bondades de estos tipos de vinos: “A esta altitud los frutos ganan riqueza aromática debido a una mayor exposición de los rayos ultravioletas que en otros lugares del planeta”.

En estos valles también se elabora una bebida típica, muy parecida al cognac francés o al brandy, llamada singanis. Desde 1994, ambos productos se comercializan en Dinamarca, Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania y Canadá. Aunque las exportaciones son aún bajas, pues registran un promedio en los últimos años de 120 mil dólares, representan la apertura de los mercados internacionales ante un rubro que no es tradicionalmente boliviano.

Dentro del sector agropecuario de este país andino, la agroindustria de la vid tiene todavía una participación relativamente pequeña: cubre un poco más de 3 mil hectáreas, que representan menos de 0,2% del total de la superficie cultivada del país.

De los 20 tipos de vid que se cultivan en la región, no todos son transformados en vinos o singanis. Algunos se comercializan con fines de consumo en fresco. Entre las variedades blancas están Chardonnay, Chennen, Macabeo, Riesling y Moscatel de Alejandría; y entre las tintas se encuentran las de Alicante, Barbera, Cabernet Sauvignon, Malbec, Pinot Noir, Grinolina y Rubí Cabernet.

Marcelo Barrón, director de la Unidad de Productividad y Competitividad (UPC), cuenta cómo se vio envuelto en el proceso de apoyo a este cluster: “En el marco de un proceso denominado Diálogo Nacional, impulsado por el presidente Jorge Quiroga, se seleccionaron 14 sectores agrícolas. El cluster de uvas, vinos y singanis resultó un sector interesante. Así, se iniciaron los procesos de identificación, mapeo y análisis competitivo durante el año 2002 y a partir de allí me hice cargo del aporte de la UPC a la industria vitivinícola”.

Barrón conoce las ventajas del producto boliviano: “Somos los únicos en ostentar el título de "vinos de altura" y, en el caso del singani, no tenemos competencia”.

La producción vitícola se realiza esencialmente en 39 comunidades: 33 forman parte de las cuatro provincias que comprenden el Valle Central de Tarija y seis pertenecen a dos provincias del Valle de Cinti en Chuquisaca. Sólo en Tarija existen más de 1.800 familias productoras, además de las empresas que poseen viñedos propios. En total los puestos de trabajo generados por este sector ascienden a 5 mil personas aproximadamente, que junto al empleo indirecto suman un total de 11 mil personas.

Marcelo Barrón explica que el cluster en el sector de la industria vitivinícola está conformado por “miles de pequeños productores asentados en el eslabón primario, y 10 empresas bodegueras cuyos vinos están posicionados en el extranjero bajo el lema ‘vinos de altura’, y se venden a un precio de entre 19 y 25 dólares por botella”.

En términos monetarios se calcula una venta anual de aproximadamente 24 millones de dólares, de los cuales seis millones se comercializan como uva de mesa al consumidor, ocho millones como vino y 10 millones de dólares como singani.

Aunque la inversión estimada en este sector es de aproximadamente 70 millones de dólares (25 millones de dólares en viñedos y 45 millones de dólares en bodegas), para Barrón es necesario aumentar las inversiones pública y privada, con el fin de ampliar la superficie cultivada.

Pros y contras

Los mercados locales, regionales y departamentales son los principales destinos de la producción industrial vitivinícola del país. Este hecho condiciona en alto grado las posibilidades de expansión productiva, debido a factores como el bajo nivel de ingresos en la población y el contrabando de productos procedentes de Argentina.

Según un informe elaborado por la CAF, la demanda del consumo interno de vino está cubierta en un 25% por la producción nacional y el restante 75% por productos del exterior que en su mayoría ingresan vía contrabando. En el caso del singani la demanda está cubierta en 70% por la producción nacional y 30% por singanis no registrados y sustitutos cercanos como el ron y la vodka.

Además del contrabando, la falta de investigaciones específicas sobre el comportamiento del sector, así como la dificultad de los bodegueros para conseguir financiamiento por parte de la banca, y la poca disponibilidad de equipos de transporte adecuados son factores que juegan en contra del desarrollo de este cluster.

No obstante, las perspectivas son optimistas, pues la industria cuenta con un capital humano cuyas facultades le han permitido producir y elaborar productos de calidad. A partir de la represión oportuna y eficaz del contrabando de vinos y de una campaña de promoción, se podría incrementar el consumo per capita anual de 1,5 a 2,4 litros por persona adulta. Esto sin duda alguna, cuadruplicaría la producción.

En el campo de la investigación, el Centro Nacional Vitivinícola (CENAVIT) constituye el apoyo estatal al desarrollo en materia de investigación e innovación tecnológica. Se inauguró en el año de 1988 y después de una prolongada transformación institucional, cuenta con laboratorios y equipos tecnológicos que sirven como apoyo a la labor de los bodegueros y demás productores.

El sector vitivinícola cuenta con un valor agregado que, explotado de la manera correcta, podría significar una fuente adicional de ingresos: los cultivos se están convirtiendo en un importante atractivo turístico para los viajeros nacionales e internacionales.

(www.vitiviniccultura.com, 14 de abril de 2005)

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